Baños de parafina

Un baño de parafina relaja los músculos, alivia los espasmos y contracturas, así como suaviza la piel reseca y agrietada, brindando mejoría a la vez en los casos de artritis, tendosinovitis o bursitis. Es el método de termoterapia superficial elegido para el tratamiento de reumatismos y secuelas traumáticas de las manos o pies.

El agente terapéutico de los baños de parafina es el calor, por lo que para practicarlos se necesita que la sustancia adquiera una temperatura de 50 a 54 grados Celsius. El poder calórico del baño de parafina es seis veces superior al del agua y la analgesia obtenida es superior y más duradera.

El primer paso es introducir la mano en un recipiente con parafina a esa temperatura durante unos segundos, entre seis y 12 veces, para luego retirar la mano del baño y aguardar entre 15 y 20 minutos, hasta que la parafina se enfríe y forme una capa sólida. Se puede usar una manopla en esta etapa.

Al enfriarse la parafina, se debe quitar de la parte tratada y frotar la mano con alcohol.

Indicaciones:

Un baño de parafina es recomendable para relajar los músculos de las manos y pies, pues tiene la capacidad de proporcionar alivio ante dolor o rigidez de las manos, sin necesidad de ingerir medicamento alguno. Además es un tratamiento que hidrata la piel. En la artrosis y en la artritis reumatoide de las manos disminuye la rigidez, especialmente si se acompaña de ejercicios activos.
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